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HISTORIA DE LA IGLESIA METODISTA PENTECOSTAL
DE CHILE
Desarrollo Hasta Nuestros Dias.
Después de la separación de la iglesia madre, los miembros de la Iglesia Metodista Pentecostal de Valparaíso se repartieron en catorce hogares, para realizar un total de noventa y seis reuniones por semana. Mientras tanto, en Santiago, el reverendo Hoover confirmó como Pastor de la Segunda Iglesia a Víctor Pavéz Toro; y en la Primera nombró al Pastor Carlos Leyton. Al enfermar éste por largo tiempo, fue reemplazado en el cargo por Pastor Don Manuel Umaña Salinas, quien le subrogaba hasta ese momento. Cabe destacar que, a diferencia de los otros pastores, éste último no poseía estudios formales de teología, siendo dotado, en cambio, con una gran capacidad de liderazgo, basado principalmente en los dones de profecía y sanidad, y en el fruto de su trabajo, reflejado en el rápido crecimiento de su rebaño. La nueva doctrina se propagó con tanta efectividad que, a dos años de su inicio, ya existían congregaciones en localidades tales como: Concepción, Temuco, Talca, Quilpué, Limache, Quillota, Nogales, La Cruz, Calera, Batuco, Talagante, San Francisco de Mostazal, Paine, Teno, San Fernando, Chiguayante, Pitrufquén, Gorbea, San Bernardo, Mulchén y Taltal. El principal medio de difusión empleado fue, y sigue siendo hasta hoy, la predicación al aire libre, en la cual mujeres y hombres agradecidos por la obra que Jesús ha hecho en su vida, esparcen su testimonio a los cuatro vientos, inspirados por el Santo Espíritu de Dios, el cual es capaz de quebrantar los corazones más duros y rebeldes, trayendo las almas arrepentidas de sus pecados a los pies de su Salvador. Sin embargo, también debemos recordar que en aquella época estaba vigente la Constitución Política de 1833, que indicaba: “La religión de la República de Chile es la Católica Apostólica Romana, con exclusión del ejercicio público de cualquier otra”.

Debido a ello y a la intransigencia de algunos jerarcas eclesiásticos de la religión dominante, muchos hermanos nuestros fueron insultados, perseguidos, encarcelados y torturados. Hasta los niños debieron sufrir el escarnio de sus compañeros de estudios, que les tildaban despreciativamente de “canutos”, en alusión al misionero Juan Bautista Canut de Bon, que se hizo famoso en el siglo XIX, por su empeño y métodos de predicación. A pesar de esto, nuestros hermanos no se dejaron intimidar, y siguieron extendiendo el evangelio y construyendo templos a lo largo de todo el país. Eran capaces de recorrer distancias de hasta 300 kilómetros con el fin de llegar a las zonas más apartadas. Para realizar tales hazañas debieron ser víctimas de muchas privaciones, junto a sus pastores, llegando incluso a pasar hambre en ciertas ocasiones, por amor a la causa de Cristo. Sin duda Dios les bendijo con buenos frutos, tanto en lo espiritual como en lo material, ya que no perdían el tiempo con malos amigos ni se contaminaban con vicios, tales como el alcoholismo, el tabaquismo, la drogadicción, y otros que poco a poco han ido aumentando en nuestra sociedad. Debido a ello es que su buen prestigio fue haciéndose cada vez más notorio, hasta alcanzar el reconocimiento de personajes notables, tales como don Arturo Alessandri Palma, quien, luego de asumir la Presidencia de la República, impulsó en 1925 la promulgación de una nueva Constitución Política que garantizaba: “La manifestación de todas las creencias, la libertad de conciencia y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público; pudiendo, por tanto, las confesiones religiosas erigir y conservar templos y sus dependencias con las condiciones de seguridad e higiene fijadas por la ley y ordenanzas”.

Gracias a esta nueva legislación, la Iglesia Metodista Pentecostal pudo obtener la Personalidad Jurídica el 30 de Septiembre de 1929. Sin embargo, debieron transcurrir aún varias décadas antes que el derecho a la difusión pública de su fe fuese realmente respetado, en todos los rincones de nuestro país. En 1932 sucedieron diversos hechos que produjeron una separación de la iglesia en dos brazos. Al ser acusado Mr. Hoover de graves cargos, una parte de los pastores decidió renunciar, fundando, años más tarde, la Iglesia Evangélica Pentecostal. Ante esta realidad, asumió como Superintendente General el Pastor Daniel Venegas en 1933. Entre estos paladines del cristianismo chileno, fue don Manuel Umaña Salinas quien logró el mayor brillo espiritual a través de los años. Asumió la dirección de la Primera Iglesia de Santiago como Pastor Probando en 1912, como Diácono en 1913, y como Presbítero en 1916. Se hizo cargo de la Superintendencia General desde 1933 hasta 1950. A partir de la Conferencia Anual de ese año, en Tomé, se convirtió en Obispo Presidente de la Iglesia Metodista Pentecostal, siendo el primero en detentar dicho grado en el ámbito pentecostal chileno. Como Pastor local, dirigió con gran éxito una congregación que no ha dejado de crecer y distinguirse hasta el día de hoy. Sus miembros se reunieron al principio en diversos hogares, hasta que estuvieron en condiciones de arrendar un pequeño edificio en la calle Romero. Desde allí se trasladaron a la calle Erasmo Escala y finalmente, en 1916, llegaron a la calle Jotabeche, nombre con el cual la iglesia se haría famosa en el mundo entero. En el terreno que hasta ese momento era ocupado por una caballeriza, fue construido un hermoso templo, y aunque era bastante grande, el Obispo Umaña profetizó en él que algún día existiría otro mayor: la primera Catedral evangélica chilena, que sus ojos no alcanzaron a ver construida, ya que falleció en 1964, diez años antes de su inauguración.

Durante su administración la membresía siguió creciendo con un ritmo explosivo, de modo que los grupos de adoración y servicio a Dios se multiplicaron hasta alcanzar a un centenar de localidades del país; también se comenzó una obra similar en el país vecino de Argentina. Además tuvo un gran protagonismo en la batalla que se libró en 1947, para que no fuese impuesta la enseñanza obligatoria de la religión católica en las escuelas.Tras su partida hacia el Reino de los Cielos, la función de Obispo Presidente recayó en el Pastor de Temuco, don Mamerto Mancilla Tapia, el cual fue reelegido en otras dos oportunidades. Este siervo de Dios se convirtió en su juventud, al ser sanado de una grave enfermedad. Luego de obtener su Licenciatura en biología, decidió entregar su vida al Señor, siendo nombrado como reemplazante del Pastor Pincheira, al fallecer éste en 1942. Durante sus 20 años de gobierno, el número de pastores de la corporación aumentó en más de un ciento por ciento, y 58 nuevos templos fueron dedicados a la adoración. La cantidad de hermanos aumentó considerablemente en todo el país.

En el terreno internacional, también se produjo un gran crecimiento: Aumentaron las iglesias en Argentina, y se iniciaron las Obras en Bolivia, Perú y Estados Unidos. Además, se firmó un acuerdo en abril de 1967 con la Iglesia de Santidad Pentecostal, cuya sede se encuentra en Oklahoma City, Estados Unidos, a través del cual se establece que serán reconocidos como sus miembros, cuando estén en Norteamérica, los integrantes de la Iglesia Metodista Pentecostal, y serán considerados miembros de esta última los integrantes de aquélla, cuando se encuentren en Sudamérica pudiendo ambos ocupar cargos y tener derecho a voz y voto en las respectivas Conferencias. Al quedar vacante el puesto de Pastor de la Iglesia de Jotabeche, en 1964, se hizo cargo de ella el hermano Javier Vásquez Valencia, siendo confirmado en la Conferencia Anual celebrada en Febrero de 1965, en la ciudad de Valparaíso. Este destacado hermano, procedente de una acomodada familia del sur de Chile, se había desempeñado como Oficial y Secretario del Obispo Umaña durante veinticinco años.
Al morir este último, la propia hermandad le señaló como el sucesor más idóneo, con el importante apoyo de la Pastora Mercedes Gutiérrez, viuda del Obispo Umaña.

Tras veinte años de exitoso pastorado, es elegido como Obispo Presidente, en la Conferencia extraordinaria de 1985, realizada en Concepción. De inmediato procedió a la descentralización administrativa de las congregaciones, creando para este efecto una división de 17 sectores, cada uno de los cuales es dirigido por un Pastor Jefe, el cual a su vez ejerce autoridad sobre los Pastores Superintendentes de los Distritos componentes. Uno de sus logros más significativos fue la construcción del Templo Catedral en la ciudad de Santiago, como cumplimiento fiel de la profecía anunciada varios años antes por el Obispo Umaña. Con el fin de financiar la compra de terrenos para realizar esta gran obra, no dudó en recurrir a su propio patrimonio material, demostrando en esta forma su gran amor por la iglesia, la cual, a su vez, le apoyó en todo momento con sus ofrendas, diezmos, trabajo en la construcción, y todo tipo de actividades para reunir fondos. Tras siete años de esfuerzo, el templo fue inaugurado el domingo 15 de diciembre de 1974, con la presencia de las más altas autoridades de nuestro país, convirtiéndose en uno de los más grandes del mundo. A partir del año siguiente, comenzó a realizarse el Servicio de Acción de Gracias por nuestra Patria Libre y Soberana, lo cual es tradicional hasta nuestros días, cada mes de septiembre, en el cual es celebrado el aniversario de nuestra Independencia Nacional.Nuestro amado Obispo Javier Vásquez Valencia fue llamado a la presencia del Señor en Julio del 2003.

El 25 de Septiembre de 2003, en Conferencia Extraordinaria, es ungido el Rev. Bernardo Amado Cartes Venegas, de la iglesia de Cauquenes, por un período de 6 años, con la posibilidad de ser reelegido nuevamente. Este gran siervo de Dios, al igual que sus antecesores es de una larga trayectoria al servicio de la Obra del Señor, siendo fiel continuador de los principios y doctrina que forjaron a la iglesia nuestros antepasados.

ORIGENES IGLESIA METODISTA PENTECOSTAL DE CHILE

ORIGEN DE NUESTRA IGLESIA

Origen y Fundación

La Iglesia Metodista Pentecostal fue forjada, como su nombre lo indica, por la tradición doctrinal establecida en el seno de la Iglesia Metodista, la cual tiene su origen en Inglaterra, en el siglo XVIII, y el sincero afán de renovación de sus fundadores, a través de la presencia del Espíritu Santo de Dios, en el corazón de cada uno de ellos, tal como ocurrió con los primeros discípulos de Jesús durante la fiesta de Pentecostés, en Jerusalén, poco después de su Ascensión. Fue fundada a mediados de 1909, por el Pastor Willis Collins Hoover Kurk y sus seguidores. A fines del siglo pasado, este notable hombre de Dios, quiso trasladarse desde Estados Unidos a Sudamérica, para desarrollar una fructífera labor en la difusión del evangelio en territorios que, por razones de la conquista y colonización por parte de España y Portugal, eran reconocidamente católicos. En 1889, W. Hoover y su esposa llegaron a Iquique, ciudad del norte de Chile, para enseñar en el Colegio Inglés, dependiente de la Iglesia Metodista. Guiado por su afán misionero, formó algunas iglesias en dicho territorio, llegando a ser Pastor en la obra de habla hispana establecida allí hasta 1902. En febrero de ese año, fue trasladado a Valparaíso, como reemplazante del Pastor E.E. Wilson, que regresó a Estados Unidos. El pastor Hoover, en el templo de la calle Olivares, en Valparaíso, comenzó su ministerio en aquella ciudad, el cual, luego de su derrumbe, provocado por el terremoto de 1906, fue reconstruido en ocho meses, con Mr. Hoover como arquitecto; convirtiéndose en el templo y congregación más grande del país. Es en dicho lugar donde se desarrollaron los principales hechos que dieron origen a la futura grey.

En una época en que las comunicaciones distaban mucho de alcanzar los adelantos de la actualidad, comenzaron a llegar noticias de que un gran avivamiento espiritual se estaba produciendo en diversos lugares del mundo: En Gales, con Evan Roberts a la cabeza; en India, con Pandita Ramabay; en Estados Unidos, con Charles F. Parham y W.J. Seymour; en Noruega, con Thomas Ball Barratt; en Suecia, con Lewis Pethrus; en Alemania, con Jonathan Paul; en Dinamarca, con Anna Larsen y Sigurd Bjorner; en Corea, con un grupo de misioneros de Pyang. Todo lo anterior ocurrió durante la primera década del siglo XX. Animados por las impactantes narraciones que llegaban a su conocimiento, los miembros de la Iglesia en Valparaíso, comenzaron una campaña, con el fin de que el Fuego del Espíritu Santo fuese derramado sobre ellos. Se reunían todos los días a orar, a las cinco de la tarde, encabezados por Mr. Hoover. Producto de eso es que los dones comenzaron a hacerse presentes, en forma paulatina, en un número creciente de personas. Idiomas extraños, llantos, risas, cantos, sueños, visiones, sanidades, y por sobre todo, arrepentimiento, confesión de pecados y plena entrega a la voluntad de Dios, que se manifestaba de esa forma. El Reverendo Hoover explica con las siguientes palabras este fenómeno: “Preguntará alguno: ¿Qué es un avivamiento? Cuando se habla de religión se entiende que los cristianos fríos se calientan, los dormidos se despiertan, los rebeldes se someten, los flojos se activan; todos animados por el Amor y el Espíritu de Dios, que entra en su corazón porque ellos le invitan y le dan lugar. El resultado es que muchos, muchísimos de los que no eran cristianos, viendo el poder de Dios en estas vidas, y movidos por el mismo Espíritu de Dios en respuesta a las oraciones y actividades de los cristianos vivos, se rinden a Cristo y se convierten”. Este avivamiento pudo haber seguido su desarrollo en medio de la Iglesia Metodista, pero sus principales autoridades reaccionaron contra el, considerando las novedosas manifestaciones como una muestra de indisciplina y desorden. En septiembre de 1909, en particular, ocurrieron varios incidentes en las iglesias residentes en Santiago: mientras se hacían cada vez más notorias las diferencias entre las posiciones en favor y en contra, también eran cada vez más los hermanos bautizados “con el Espíritu Santo y Fuego”. Tal fue el impacto público que causaron estos hechos, que varios periódicos nacionales se ocuparon de el, ayudando involuntariamente con ello a la difusión del Pentecostalismo en Chile. Entre los artículos publicados, Mr. Hoover fue acusado por un diario tendencioso de “embaucador, que hace anunciar sus farsas con gritos, llantos y exclamaciones que se oyen a cuatro cuadras a la redonda”. Pero también había muchos defensores de la nueva Obra residente en Valparaíso, como se aprecia en los aspectos positivos que presenció en esa ciudad, cierto hermano, los cuales describe en una carta publicada en el semanario “Chile Pentecostal”: – Las almas se salvan. – Hay confesiones, restituciones, abandono de pecado. – Existe asistencia no interrumpida, de día y de noche a la casa del Señor, para orar; y un interés inusitado en las reuniones. – El amor entre las iglesias, dentro de cada iglesia, y entre las denominaciones; ha aumentado y sigue creciendo. – La unión entre muchos miembros, personas, familias, etc. – El gozo, aún en grandes tribulaciones. – Dios es glorificado en gran manera, porque la Sangre de Cristo es ensalzada y ocupa su preeminente lugar. Además, jamás se había oído, como ahora, ensalzar y dar honra y gloria al Bendito Espíritu de Dios. – Jamás se han visto tan maravillosas y milagrosas conversiones y obras de salvación entre los pecadores de este país.
Cada movimiento se ha caracterizado por un avance en la Obra con el fin de salvar almas, y por la difusión de cantos e himnos con profundo contenido espiritual. Transcurridos los primeros meses en que ocurrieron los hechos relatados, llegó el momento de realizar la Conferencia Anual de la Iglesia Metodista Episcopal que comenzó el 4 de febrero de 1909, precisamente en la ciudad de Valparaíso. Contrariamente a lo que Hoover esperaba, las acusaciones en su contra fueron acogidas, y se formó una comisión de nueve presbíteros para tratar su caso y el de su iglesia. Al sexto día, los comisionados formularon contra el Pastor los cargos de: “Enseñanza y diseminación de doctrinas falsas y antimetodistas, pública y privadamente” y “Conducta gravemente imprudente”. El propio Obispo Bristol declaró en las actas oficiales: “Es absolutamente antimetodista y contraria a las Santas Escrituras toda creencia de que el Bautismo del Espíritu Santo sea acompañado de profecías, visiones, sueños, variedad de lenguas, sanidades, etc.”. Después de haber sido llevado el asunto a Estados Unidos, Mr. Hoover fue absuelto de todos los cargos; sus acusadores, en cambio, fueron destituidos. Sin embargo, ya era tarde para una reconciliación entre las partes en conflicto.

En forma paulatina, diversos grupos se fueron separando de sus iglesias madres. Así ocurrió con La Primera Iglesia de Santiago, presidida por el hermano Faustino Contreras; y la Segunda Iglesia de Santiago, comandada por el Pastor Víctor Pavez. Por su parte, tras celebrarse la Conferencia Trimestral en el mes de abril, Mr. Hoover decidió renunciar, instado por sus oficiales, que se habían sentido condenados por el Superintendente Rice. Durante la reunión del 20 de abril fue reemplazado por el pastor E.E. Wilson. Al enterarse de esto, la mayoría de los miembros de la Iglesia Metodista de Valparaíso decidieron retirase de ella definitivamente. A solicitud de ellos, el reverendo Hoover asumió el pastorado del nuevo rebaño que se había formado, además de ejercer la Superintendencia General de las tres iglesias mencionadas. A continuación se presentan algunas palabras suyas, expresadas en tan memorable ocasión:
“En la providencia de Dios se hallan separados de la organización que les dio origen, tres grupos no pequeños de cristianos… La Iglesia Metodista Pentecostal (que los reúne) se encuentra organizada en debida forma y lista para llevar adelante la gran obra de su divina Cabeza: Jesús; en la manera y espíritu en que la llevó adelante Juan Wesley… Nuestro anhelo no es otro que el de glorificar a Dios en nuestros cuerpos y espíritus, los cuales son de Dios, lo que incluye una campaña incesante para la salvación de las almas, no teniendo esperanzas de triunfo por otro medio sino por la sangre del Cordero y la palabra de su testimonio.”

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